La minería ilegal de oro se ha convertido en uno de los problemas ambientales y de derechos humanos más graves en la Amazonía peruana. La situación es particularmente dramática en la selva central de la región de Huánuco. A lo largo del río Yuyapichis, buscadores ilegales de oro han provocado en pocos meses una devastación masiva: cerca de 36 kilómetros del cauce han sido removidos con maquinaria pesada, las riberas destruidas, los bosques talados y las aguas contaminadas con mercurio, petróleo y combustibles. Los peces han desaparecido y el agua se ha vuelto inutilizable tanto para las personas como para los animales.
También se encuentra amenazada de forma directa el Área de Conservación Privada (ACP) Panguana, una de las zonas de investigación científica más antiguas y relevantes de la Amazonía peruana. Panguana fue fundada en la década de 1960 por los biólogos alemanes Hans-Wilhelm y Maria Koepcke, quienes durante décadas realizaron allí un trabajo pionero en la protección de la biodiversidad tropical. Su legado es un claro ejemplo de la estrecha cooperación germano-peruana al servicio de la ciencia, la conservación de la naturaleza y la responsabilidad internacional.
Actualmente, la estación de investigación es dirigida por su hija, Juliane Koepcke, una bióloga de reconocimiento internacional cuyo nombre está estrechamente ligado a Panguana. Bajo su conducción, la estación se ha mantenido como un centro de investigación, formación y diversidad biológica valorado en todo el mundo. Que precisamente este espacio protegido se vea hoy amenazado de manera existencial por la minería ilegal no solo constituye un escándalo ecológico, sino también un ataque contra décadas de compromiso científico y patrimonio cultural.